La primera vez que la vi, llevaba en los brazos un bulto de tela rosa al que arrulllaba.
Arrullaba, caminaba, arrullaba, caminaba.
Luego la vi como en una escena de cine mudo: Ella caminaba, delgada y respingada, con un esqueleto de sombrilla en la mano. Tomaba la sombrilla con gracia, y el sol de mediodía pasaba por la carcasa de alambres mientras ella caminaba.
Después volví a verla, de nuevo en posición maternal: Llevaba en los brazos el esqueleto de una piñata de Buster Bunny, de los Tiny Toons: un conejo de papel azul desteñido, quizá por la lluvia. Lo llevaba y lo abrazaba contra su pecho, en otro arrullo.
A la semana volví a verla: Ahora era una mujer de mundo: Llevaba unos lentes grandes de aro grueso negro y miraba a los lados, por encima de su hombro con un auténtico desprecio intelectual.
Dejé de verla.
No hay indigente más femenina que ella en esta tierra, lleva todos los roles juntos, todos con garbo y ausencia. Y es, le repito a mi madre, muy joven. Tendrá unos 26 años, quizá, pero la piel escamada por el sola la hace ver sin edad.
Un día volví a verla, llevaba una escoba.
Subía por una esquina y al estar frente a un arriate con un árbol, entro al arriate y barrió las hojas.
Desapareció.
Esta mañana salí a caminar con una amiga. Las calles estaban solas y silenciosas, en ese estado etereo que da la resaca de la navidad.
Y la vi
de lejos:
Tiene el pelo más corto y la cara más quemada. Llevaba un suéter de punto parecido a la tela de Chanel, y taconeaba.
Se acercó a nosotras,
dijo algo,
la vi. http://www.blogger.com/img/blank.gif
Frente a frente:
Ella atravesando San Salvador en unas sandalias gladiadoras blancas con tacones de 10 centímetros.
.....................
John Galliano sacó hace tiempo una colección inspirada en ella.
domingo 25 de diciembre de 2011
sábado 17 de diciembre de 2011
La instalación
Un día: llegar.
Haber esperado tanto tiempo para finalmente llegar un día.
Al día siguiente:
La señora que hace la limpieza ha llegado a hacer la limpieza.
Salir él
Salir yo
Volver
La señora de la limpieza ha hecho la limpieza:
Buscar mis cosas, no encontrarlas
Buscar mis zapatos, no encontrarlos
Buscar
Desesperarse
La señora de la limpieza ha hecho la limpieza de manera de que todo se encuentre en su lugar.
Asomarse al espacio de él, a sus cosas, encontrar:
Mis libros colocados en la mesa junto a sus libros
Mi abrigo colgado entre su ropa
Mi sombrero colgado en un clavo que parece que estuvo ahí dispuesto para colgar siempre mi sombrero
Mis pantuflas de plástico en su zapatera
Mis tacones en su zapatera
Mirar:
Sus botas de muchacho que va a la primera guerra mundial
Sus tenis de muchacho demasiado muchacho para ir a alguna guerra mundial
Sus calcetines
Llorar
Un poco.
Tomar mis libros
Descolgar el abrigo
Bajar el sombrero
Sacar mis pantuflas
Sacar mis zapatos
Devolver todo a la maleta.
Salir de nuevo
La señora de la limpieza volverá a hacer la limpieza la semana siguiente
Llorar
Temer
un poco
Querer
Haber esperado tanto tiempo para finalmente llegar un día.
Al día siguiente:
La señora que hace la limpieza ha llegado a hacer la limpieza.
Salir él
Salir yo
Volver
La señora de la limpieza ha hecho la limpieza:
Buscar mis cosas, no encontrarlas
Buscar mis zapatos, no encontrarlos
Buscar
Desesperarse
La señora de la limpieza ha hecho la limpieza de manera de que todo se encuentre en su lugar.
Asomarse al espacio de él, a sus cosas, encontrar:
Mis libros colocados en la mesa junto a sus libros
Mi abrigo colgado entre su ropa
Mi sombrero colgado en un clavo que parece que estuvo ahí dispuesto para colgar siempre mi sombrero
Mis pantuflas de plástico en su zapatera
Mis tacones en su zapatera
Mirar:
Sus botas de muchacho que va a la primera guerra mundial
Sus tenis de muchacho demasiado muchacho para ir a alguna guerra mundial
Sus calcetines
Llorar
Un poco.
Tomar mis libros
Descolgar el abrigo
Bajar el sombrero
Sacar mis pantuflas
Sacar mis zapatos
Devolver todo a la maleta.
Salir de nuevo
La señora de la limpieza volverá a hacer la limpieza la semana siguiente
Llorar
Temer
un poco
Querer
jueves 8 de diciembre de 2011
For ever MAITRA

Señales inequívocas de AMAITRAMIENTO DEFINITIVO
Señal 1
Usted:
Va de compras.
Encuentra una falda azul con flores rosas. Preciosa. De vuelos, como las que usted usa.
Usted toma las tres tallas (S,M,L) por aquello de los largos.
Se las prueba
Las tres le quedan.
Elige la que le queda mas larga por aquello de los largos.
Y se ve al espejo.
Le queda bien, tres o cuatro dedos arriba de la rodilla.
Usted se da la vuelta, los giros no le dejan enseñar nada.
Pero
hay algo...
¿Se podrá ir así a la oficina?
¿No se verá usted como las universitarias a las que les da clase?
¿Después de los 25 se pueden usar faldas de vuelos, de flores?
Sale del vestidor.
La señorita -otra señal: decir señorita- dependiente se le acerca.
Pregunta:
- ¿Le talló alguna?
- ¿Las tres?
- ¿Cuál va a llevar?
- Ninguna.
Son-muy-cortas
Señal 2 (por si tiene dudas)
Usted:
Va de compras.
Ve un vestido amarillo, precioso.
Se lo mide. Le queda perfecto: arriba de la rodilla, pero no mucho, corte en la cintura, escote...
El escote es en V y termina justo donde inicia el escote de su sostén.
Entonces usted:
Medita:
¿Y si me lo pongo con un saquito? No, porque el saquito no me cubre el escote.
¿Entonces con una bufanda?
Etiquetas:
amaitramiento,
amaitramientos,
for ever maitra
lunes 5 de diciembre de 2011
Yo recuerdo mis entradas de I ♥ Centro Histórico
Pero después de 25 años de amar ese hoyo de lámina y lluvia, algo me pasa.
Mis primeros recuerdos están relacionados con el centro. Con el dolor del centro de San Salvador.
Yo veía a las ancianas limosneras afuera de las puertas de madera, puertas rosadas con aldaba, y quería darles mis ahorros, un colón Mi mamá me llevaba de la mano pero de manera que yo no sentía que caminaba, yo flotaba, yo miraba los balcones, nunca me tropezaba, no sentía el piso.
San Salvador era una nube
Y a las cinco de la tarde las golondrinas llenaban los alambres eléctricos de la calle enfrente de Simán Centro, donde pasaba el bus.
Una vez, era de noche.
Era la primera vez que me subía a un microbús viejo y minúsculo, atestado de gentes, sonaba El Bardo y yo me enamoré y no me importó el olor a sobaco de las gentes.
Una vez me perdí.
Mi primer día de universidad, mi primer día de bus. Sola. Y me subí en la 44 que iba al Centro y no a la UCA, y yo comencé a ver edificios grises, viejos, despintados, la cúpula horrorosa de catedral Y de pronto, el bus dio una vuelta, y entonces, estaba yo, pegada al vidrio sucio de la ventana, y al otro lado de la ventana, de vidrio sucio, los ventanales de la Casa Munguía, la Casa Meléndez, verdes. Oxidados. Roídos. Polvosos.
Una vez, años después, entré a la casa.
En tacones. Yo era periodista y quise escribir de esa casa antes de que se cayera. Lo quería con mis dientes apretados, con mi mandíbula.
Una vez,
un año después,
la casa se quemó.
Mis primeros recuerdos están relacionados con el centro. Con el dolor del centro de San Salvador.
Yo veía a las ancianas limosneras afuera de las puertas de madera, puertas rosadas con aldaba, y quería darles mis ahorros, un colón Mi mamá me llevaba de la mano pero de manera que yo no sentía que caminaba, yo flotaba, yo miraba los balcones, nunca me tropezaba, no sentía el piso.
San Salvador era una nube
Y a las cinco de la tarde las golondrinas llenaban los alambres eléctricos de la calle enfrente de Simán Centro, donde pasaba el bus.
Una vez, era de noche.
Era la primera vez que me subía a un microbús viejo y minúsculo, atestado de gentes, sonaba El Bardo y yo me enamoré y no me importó el olor a sobaco de las gentes.
Una vez me perdí.
Mi primer día de universidad, mi primer día de bus. Sola. Y me subí en la 44 que iba al Centro y no a la UCA, y yo comencé a ver edificios grises, viejos, despintados, la cúpula horrorosa de catedral Y de pronto, el bus dio una vuelta, y entonces, estaba yo, pegada al vidrio sucio de la ventana, y al otro lado de la ventana, de vidrio sucio, los ventanales de la Casa Munguía, la Casa Meléndez, verdes. Oxidados. Roídos. Polvosos.
Una vez, años después, entré a la casa.
En tacones. Yo era periodista y quise escribir de esa casa antes de que se cayera. Lo quería con mis dientes apretados, con mi mandíbula.
Una vez,
un año después,
la casa se quemó.
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