viernes 30 de septiembre de 2011

San Salvador (II)

Ya no te conozco.
Voy por tus calles como una primera vez, en el mareo, en el grito, como una ciega que se distrae y mira únicamente los esmaltes de colores.

Este sos, San Salvador, el irreconocible. Mirate desde arriba, desde el cielo: Aquí está todo lo que serías y nunca llegaste a ser. Mirate con tu sombrilla de Claudicar, gigante y podrida, que no va a protegerte nunca de esta tormenta. Mirate con tus pedazos de tierra amurallados con láminas, crecen los árboles y las palmeras adonde una vez hubo las casas más hermosas, las más raras.

En tu calle más angosta, hay una mujer que vende galletas con forma de corazón. Son los panes dulces más salados, saben a sudor, saben a la corrosión de todas tus puertas. Todas tus puertas cerradas desde hace un siglo, San Salvador; tus puertas con agujeros en las chapas, tus puertas a las que les robaron las aldabas, las manos, las gárgolas y los leones, todos tus guardianes; y aún libre nunca te atreviste a huir.

Atrás de la mujer se cae una casa. La casa más coloreada de esta calle, la casa que se va doblando, la que se va descascarando; y logro ver, apenas, un ojo de buey sobre la puerta destartalado.

Yo voy a pasar mi lengua por todas tus puertas, San Salvador. Voy a lamerlas hasta a dejarlas limpias, nuevas, como si acabaran de abrirlas por primera vez y las atravesaran todas esas niñas muertas que salían a jugar con muñecas de su edad.

Voy a lamerte tanto que no habrá sombra, ni un incendio nunca te habrá borrado, ni una lluvia te habrá ahogado, nunca el tiempo te habrá podrido.

Sos un bebé que acaba nacer, y aún tiene las pestañas llenas de placenta. Yo prometo quitártela con besos.

jueves 22 de septiembre de 2011

San Salvador

San Salvador, suenan cohetes y yo pienso que son bombas Tengo de nuevo seis años y han quemado un coche frente a mi colegio Las señoritas nos llevan frente a la virgen y afuera las madres lloran que les abran, quieren ver a sus niñas, hay una balacera afuera

Cómo suenan las bombas, San Salvador, hasta que la secretaria de la biblioteca me dice que son cohetes, que deben estar reventándolos, a media tarde, en catedral Afuera de catedral hay un huele pega con un abrigo azul y largo para el más crudo invierno europeo, no están reventando cohetes
Esto debe ser un eco

San Salvador, te recorro con los labios rojos, las uñas rojas, los zapatos rojos Yo era, yo soy, aquella novia que cada noche lavaba su cuerpo con leche para ser la más suave y la más blanca a la hora de recibirte No me dolía la espalda cruzarte entre los bultos de los viejos y aguantar las palabras de amor de los borrachos cuando yo caminaba a tus plazas No me importaba que me dijeran qué ricas piernas mamita qué rica porque les enseñaron que en esta plaza ya no pasean las señoritas solo las putas y las putas están, como vos, San Salvador, únicamente para escupirles Tuve un novio que me dedicó una serenata en la Plaza Libertad Ya no puedo enamorarme de un muchacho y decirle que vengo del centro de un lugar donde insectos desconocidos pusieron los huevos más hermosos y ahí estuvimos viviendo todos, incubados, como un sueño

Porque salí de un edificio extraño y descascarado, de esos tiempos donde parecías otra cosa, no parecías un pueblo anegado por los mosquitos y la lluvia, no eras este nido de animales, no eras, no eras en realidad porque todos pensamos que serías otra cosa, todos lo pensábamos Hasta los que no habíamos nacido

En la Plaza Libertad soy otra vez esa niña de hace veinte años, a la que acaban de matarle al padre Y no puedo llorar aunque quiera, no puedo llorarte aunque te quiera, tengo demasiadas cosas frente a los ojos

Hay una mujer con un ojo ciego y una mantilla blanca en la cabeza, predica con una biblia vieja y sobre unos zapatos demasiado pequeños para sus pies: "Porque yo crié hijos" o algo así dice, y estamos rodeadas de viejos que hace años se perdieron en San Salvador por primera vez
Hay un hombre perdido que lleva un saco viejo y un cinturón café como corbata Se sube, se baja, del monumento a 1811 Sube baja, marcialmente y se detiene frente al león de las naciones Se acerca al león, lo abraza, lo besa Justa su boca en el hocico, justo su labio en el bronce, verde

Podés quemarte ahora mismo, San Salvador: tu catedral, tu biblioteca nacional; de todas maneras en esa biblioteca no hay algo que valga la pena, tal vez salvaría dos libros, y tu catedral es una toalla doblada en dos para hacerte un techo de dos aguas, nunca valiste la pena, San Salvador, tu catedral no pudo erigirse soberbiamente, como debe ser, sobre el templo de otra civilización derrotada, jamás valiste la pena, a nadie le importa

San Salvador, estás cada día más feo.
Y yo ya no puedo verte con ojos de amor.