Que otra vez se me fregó la compu. En esta ocasión le cayó agua al teclado y no me fijé y de pronto escribía solitas, letras C y D infinitas. Abría un documento y se llenaba de Des a la mejor manera de la escritura automática contemporánea.
Entonces, de pronto, me dio crisis. Me sentí sin identidad. Tan dependiente de la computadora, de todo lo que escribo, de todo lo que guardo, de todo lo que está ahí.
No me entiendo la letra de los cuadernos, no sé escribir si no es una pantalla, y todo lo que pienso, lo que se me ocurre, se guarda en la compu.
Me sentía tan inútil, desterrada. DEPENDIENTE.
En lo que llevo de vida, se me han jodido las compus unas cuatro veces, y siempre aparece el temor de lo que perderé.
Esta vez me dijeron que no perdería la información, lo que me relajó un poco, me resignó.
Y me puse muy filosófica, tanto que ni Heidegger ni Schopenhauer ni el Buki me superan:
La vida es una pérdida constante, hasta que se pierde la vida.

