Pero después de 25 años de amar ese hoyo de lámina y lluvia, algo me pasa.
Mis primeros recuerdos están relacionados con el centro. Con el dolor del centro de San Salvador.
Yo veía a las ancianas limosneras afuera de las puertas de madera, puertas rosadas con aldaba, y quería darles mis ahorros, un colón Mi mamá me llevaba de la mano pero de manera que yo no sentía que caminaba, yo flotaba, yo miraba los balcones, nunca me tropezaba, no sentía el piso.
San Salvador era una nube
Y a las cinco de la tarde las golondrinas llenaban los alambres eléctricos de la calle enfrente de Simán Centro, donde pasaba el bus.
Una vez, era de noche.
Era la primera vez que me subía a un microbús viejo y minúsculo, atestado de gentes, sonaba El Bardo y yo me enamoré y no me importó el olor a sobaco de las gentes.
Una vez me perdí.
Mi primer día de universidad, mi primer día de bus. Sola. Y me subí en la 44 que iba al Centro y no a la UCA, y yo comencé a ver edificios grises, viejos, despintados, la cúpula horrorosa de catedral Y de pronto, el bus dio una vuelta, y entonces, estaba yo, pegada al vidrio sucio de la ventana, y al otro lado de la ventana, de vidrio sucio, los ventanales de la Casa Munguía, la Casa Meléndez, verdes. Oxidados. Roídos. Polvosos.
Una vez, años después, entré a la casa.
En tacones. Yo era periodista y quise escribir de esa casa antes de que se cayera. Lo quería con mis dientes apretados, con mi mandíbula.
Una vez,
un año después,
la casa se quemó.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Yo recuerdo mis entradas de I ♥ Centro Histórico
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