Voy escupiendo semillas de sandía
por el piso de la casa
con la esperanza de que florezcan
y la casa se llene de fruta cuando nazcan mis hijos.
Antes de parir a mi padre
mi abuela envió a mi tío por unas sandías al huerto.
El niño se quedó mirándolas y escuchó un grito.
Esto me lo contó mi tío, ciego, en el funeral de mi padre.
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