
No voy a oirte gritar Elenita!, aunque yo sea más grande que vos y hayás nacido hace poco, tan poco y tanto que no sepamos quién de las dos es la niña.
No voy a verte frente a la colección de casitas de mi mamá, intentando abrir la puerta de una mientas decís: "Está cerrado, hay que abrir".
No vas a decir Pi papá y bi mamá cuando veás mi camisa de pareja art deco, porque no conocés los posesivos, porque todo es tuyo y te lo hemos dado con tanto amor.
No voy a verte en enero con tu uniforme de pre-prekínder ni voy a sufrir porque te despiertan "en la noche", como decía tu hermana, la Milá, cuando tenía tu edad.
No vas a venir a mi casa y vas a correr a mi cuarto y verás las piedras que he traído de cada viaje, vas a tomarlas, vas a chocarlas y vas a decir "piedras", ni vas a abarcar con tus bracitos mi universos de muñecas para bajarlas a la sala y ordenarlas en los sillones para que duerman.
No vas a saltar en mi cama, a arruinar los colchones --"La niña es feliz aquí porque la dejan hacer lo quiere", decía mi abuela--, Ni vamos a reir hasta descosernos porque saltamos en la cama con zapatos.
No voy a volver a irme para que digás que estoy "de viaje".
No vas a correr a abrazarme cuando esté enferma como si vos fueras la fuerte, la grande, Meluca, porque te conozco desde antes de que nacieras y naciste fuerte mientras yo moría en un hospital.
No vas a ser más mi gran amiga, mi amiga más chiquita, porque la amistad es una cosa que hala a alguien al pecho del otro y a nosotras has halado siempre, desde aquella vez, cuando tenías seis meses, y yo te llevé al patio y el viento movió las hojas del árbol de aguacate y vos suspiraste, Melé, y entonces yo lloré un poco, callada.
Y volví a llorar este año, antes de irme de nuevo, cuando abriste la refri y encontraste una manzana. "Mazana", dijiste, la halaste contra tu pecho y la levantaste con las dos manos porque era demasiado pesada para vos, y la abrazaste.
Porque mañana te mudás y tus papás no entienden de esto: están felices porque tienen casa nueva, propia, y no van a ser más los nómadas de esta colonia, en la que vivieron seis años y se mudaron tres veces.Porque yo no tengo ni puedo tener hijos y eso no importa, no sos el prototipo idiota de "la hija que no voy a tener", sos mi amiga, Melé, porque todos los días me contás lo que te pasa, tus cosas, las palabras, a veces más fonénticas, a veces más semánticas, y todos los días en que te he visto, desde que naciste, hace tres años, me has enseñado sobre la vida, como la semana pasada, que volví de México, reconociste mi carro, te bajaste del columpio, me gritaste Elenita, te asomaste a la puerta, la abrí, subiste, te sentaste, dijiste "Nos vemos" a tu mami y fuiste a mi casa, que es tuya.


