Yo siempre he sido buena persona, educadita. Muñequita de sala, niña de familia. Doy los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches, platico con los viejtos en la calle, los ayudo, le hago esas muecas estúpidas que se le hacen a los niños, sobre todo a los bebés, en los sitios públicos --aunque esto cada vez menos, los niños ya no me siguen tanto como antes, era excesivo--, y cuando me llaman por mi nombre o me piden algo, digo: "¿Mande?".
Pero no me gusta la gente.
Es decir: no toda.
No me interesa ser amada por todos, ser perita en dulce, arroz de todos los moles y esas pendejadas.
Me abate la gente que siempre quiere agradar. Yo soy rancia. No sonrío, no saludo, no beso --salvo interesantes excepciones--.
No me interesa hacer amigos, y tengo unos vecinos insoportables.
El lunes nos mudamos a Xalapa.
El martes por la tarde estaba en mi apartamentito --vivo en una casa de huéspedes grande, con apartamentos bien equipados y un jardín común y gimnasio--, y como tengo un gran ventanal --de hecho, no tengo paredes que den al patio, son puras ventanas-- lo había abierto y estaba escribiendo, en la compu. Pasaron tres tipos: uno gordo, uno pelo algo largo, chivatada y uno pelo engominado, con saco. Luego pasó de nuevo el de pelo engominado, se asomó a mi ventana --se asomó, o sea metió la mitad de su cuerpo-- y me dijo:
- ¿No te hace mucho sereno en la noche,
amor?
Yo tengo una semiótica con alguien que me cuenta sus miedos infantiles al
sereno y me dice amor y entonces me friqueé.
- ¿Cómo?
- Que si no tienes frío de noche.
- No.
- ¿No te da frío?
- No.
Regresé a mi compu y no le seguí la charla.
Al rato fui al apartamento de Ixchel, mi compañera bailarina. El gordo se había quedado parado frente a su apartamento y miraba hacia adentro. Nos dio
cosa.Esta mañana, después de desayunar, abrí las ventanas y me puse a trabajar. El gordo se asomó:
- Hola, linda, ¿tú eres de Bogotá?
- No.
- ¿Y qué haces aquí, estudias?
- No.
- ¿Qué haces?
- Hago una residencia artística.
- Ah. ¿Eres colombiana?
- No.
- ¿Te vas pronto?
- ...
- ¿Cuánto te quedas?
- ...
Yo me impacienté y no quité los ojos de la compu para que entendiera que no quería hablar.
- ¿No quieres quedarte?
- No.
- Y de qué es tu programa, dices.
- De residencia artística.
- ¿Las tres?
- Sí.
- ¿Y qué hacen?
- Somos dos escritoras y una bailarina.
- Ah, ¿y bailarina qué significa? ¿de bailar?
ALAPUTA!!!
- Voy a trabajar, adiós --le dije.
Se fue.
No puede uno abrir las ventanas porque cualquier bicho raro se le asoma. Puta!
Por la tarde me fui al centro histórico y fumigaron mi cuarto, porque estaba lleno de hormigas voladoras o algo así.
Cuando volví, el chico que fumigó me explicó que no debía usar un mueble porque no sé qué y me dijo de pronto: "¿Qué edad tiene usted?"
Ixchel me llamó, le di las gracias, la propina y lo saqué.
Fui al apartamento de Ixchel y me dijo que tuviera cuidado, que cuando el chico fumigaba se acercó uno de ellos, a saber cuál, y le preguntó qué hago yo, cómo me llamo, de dónde soy y qué edad tengo...
Juliana opinó que solo quieren socializar, ser mis amigos. Si uno quiere ser amigo de alguien lo encara, no anda espiando ni preguntando a terceros.
Me dan desconfianza esos colombianos.