Porque, de cierto modo, siempre pasan estas cosas.
Uno que iba a irse de fiesta por Europa termina encerrado en el Mediterráneo -por el dolar devaluadísimo en un momento de fecundidad para el euro, aunque, claro, no olvidaré nunca a Lido-, le da miedo ir a París y no le alcanza el boleto para Londres. Y no se enamora de un príncipe europeo con el que se iría de fiesta -¿al casino de Mónaco?- pero se enamora, porque siempre hay que enamorarse en Europa.
Si usted no se quiere enamorar, quédese encerrado en su casa y no abra nunca las puertas o las ventanas.
Uno que iba heredar un par de viejos honorables y recibir una, no cuantiosa pero sí considerable herencia, para comprarse una finca donde retirarse a escribir y ponerle La Siberia o El Polo Norte -asegún- termina huérfana y perdiéndolo todo como en novela de Televisa, o para darse glamour literario como novela de Marie Louise Alcott -aunque después la hicieran folletín- y tiene que hacer maromas todos los días con los precios de la gasolina y de los libros, y rasgarse los últimos billetes para comprar La Historia de la Iglesia en El Salvador (1521-1821) y ponerse nerviosa al llegar al archivo del arzobispado porque el director del archivo es estricto y siempre lo pone nervioso a uno, pierde uno los lapiceros, los papeles, se le cae la botella del agua, y el hombre dice "Por Dios, un historiador sin lapicero". Luego ese hombre estricto escucha que uno busca el acta de defunción del escribano indígena Juan Rodríguez, muerto en el siglo XVII, y le da risa, y "Cómo vas a encontrarlo? Búscalo en la Espasa Calpe". Y uno sonríe como con miedo y nervio y le explica que debía ser el escribano del pueblo, porque era pueblo de indios y no todos sabían leer, y el tipo sonríe y sabe que uno reconoce los filigranas genoveses y comienza a sacar libros de cofradías e iglesias de los siglos XVII y XVIII y a contraluz los vemos, y el viejo archivero sonríe de nuevo, y saca un libro de enterramientos y leemos un acta de 1712.
Y ya no se acuerda de lo que pedía de niña, excepto la muñeca más cara que nunca le compraron. Y menos de lo quiso ser, o es peor cuando uno nunca quiso ser algo. Para qué querer lo que se quería a los 18, a los 21, si se nunca pensó que el mejor regalo de cumpleaños de este año sería La Respuesta de Sor Juana a Sor Filotea que el viejo archivero saca de un legajo y le dice: "El 17 de abril cumple años sor Juana Inés de la Cruz, toma", y uno recuerda, y se ríe y le dice que de niña confundía los números y siempre pensó que su cumpleaños era el 17 de abril.
lunes 30 de marzo de 2009
domingo 29 de marzo de 2009
El beso visual
Había estado días enviándome mensajes: Que cómo estaba, que ese día, oh, casualidad, había estando pensando en mí, que al leer a cierta poeta se imaginaba mordiéndome los labios, que al leer otro poema de la misma poeta se imaginaba besándome y acariciándome los tobillos.
Me enviaba los versos de la poeta y yo ciertamente no me encontraba ahí ni me imaginaba siendo besada, mordida y acariciada por el susodicho.
Yo nunca he sido romántica.
El tipo pasó semanas en esa dinámica -debió leer unas 20 veces el poemario- y como yo tiendo a aburrime -el cortejo torpe no me parece romántico, mejor que hagan piruetas o que escupan fuego en los semáforos- una vez le contesté: "Esta noche voy a hacer una entrevista en blabla, y luego hay un conversatorio, tal vez llegás".
Y llegó.
Cuando llegó me dijo que lo dejara darme un abrazo, que qué guapa estaba -yo había ido en vestido- que bla, bla.
Nos sentamos al lado y nunca me habló.
Cuando terminó la conferencia me dijo que me invitaba a cenar, que adonde yo quisiera, que qué guapa estaba y que si íbamos en el mismo carro. Yo le dije que mejor cada uno en el suyo y me acompañó a mi carro. Cuando abrí la puerta se me acercó pero la edad hace cobardes a los hombres y yo ya no quería seguir recibiendo mensajitos explícitos de mi boca mordisqueada y la poeta desconocida. Así que románticamente le dije:
- Bueno, ¿qué querés decirme?
Él no dijo nada.
- Bueno, ¿y querés besarme?
A los hombres chapaditos a la antigua no les gustan estas cosas:
- Sí.
- Bueno, entonces...
El hombre se quedó impasible, pero le brillaban los ojos. Yo me estaba poniendo lipstick.
- Mirá: ya basta.
Y lo besé.
Las orejas se le pusieron coloradas y yo, definitivamente, no hubiera sido tan lanzada.
Hubiera sido mejor ir al supermercado, escoger un pescado congelado y besarlo.
.....
Acontecido en octubre de 2007.
El besado después fue mi novio.
Me enviaba los versos de la poeta y yo ciertamente no me encontraba ahí ni me imaginaba siendo besada, mordida y acariciada por el susodicho.
Yo nunca he sido romántica.
El tipo pasó semanas en esa dinámica -debió leer unas 20 veces el poemario- y como yo tiendo a aburrime -el cortejo torpe no me parece romántico, mejor que hagan piruetas o que escupan fuego en los semáforos- una vez le contesté: "Esta noche voy a hacer una entrevista en blabla, y luego hay un conversatorio, tal vez llegás".
Y llegó.
Cuando llegó me dijo que lo dejara darme un abrazo, que qué guapa estaba -yo había ido en vestido- que bla, bla.
Nos sentamos al lado y nunca me habló.
Cuando terminó la conferencia me dijo que me invitaba a cenar, que adonde yo quisiera, que qué guapa estaba y que si íbamos en el mismo carro. Yo le dije que mejor cada uno en el suyo y me acompañó a mi carro. Cuando abrí la puerta se me acercó pero la edad hace cobardes a los hombres y yo ya no quería seguir recibiendo mensajitos explícitos de mi boca mordisqueada y la poeta desconocida. Así que románticamente le dije:
- Bueno, ¿qué querés decirme?
Él no dijo nada.
- Bueno, ¿y querés besarme?
A los hombres chapaditos a la antigua no les gustan estas cosas:
- Sí.
- Bueno, entonces...
El hombre se quedó impasible, pero le brillaban los ojos. Yo me estaba poniendo lipstick.
- Mirá: ya basta.
Y lo besé.
Las orejas se le pusieron coloradas y yo, definitivamente, no hubiera sido tan lanzada.
Hubiera sido mejor ir al supermercado, escoger un pescado congelado y besarlo.
.....
Acontecido en octubre de 2007.
El besado después fue mi novio.
viernes 27 de marzo de 2009
El exceso de talento puede causar la muerte o enamoramientos súbitos
Y yo hoy me enamoré tan intensamente como hacía mucho tiempo no sucedía.
Solo vean
Este mediodía me las medí y me quedaron maravillosas -pregúntenle a Nadie o a Rodrigo-. Las acepto de regalo de cumpleaños, que por cierto es en un mes, pa que vayan ahorrando los bienintencionados y amorosos.
Por cierto, como las tallas son un relajo, en estas sandalias soy 38.
:)
....
El título es mi nick peremne en GoogleTalk.
Solo vean

Este mediodía me las medí y me quedaron maravillosas -pregúntenle a Nadie o a Rodrigo-. Las acepto de regalo de cumpleaños, que por cierto es en un mes, pa que vayan ahorrando los bienintencionados y amorosos.Por cierto, como las tallas son un relajo, en estas sandalias soy 38.
:)
....
El título es mi nick peremne en GoogleTalk.
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post después de cenar con élmer,
shoelover
miércoles 25 de marzo de 2009
Usted
Señor,
cabalgaba a la brida
como caballero de la tabla redonda
y a la jineta
como sultán andalusí
como infiel
como sarraceno.
Usted era el diablo
y nunca tuve miedo al sentirme con usted desnuda
y por usted besada
pero fuimos fósforos
consumados.
Ahora,
que Dios lo guarde en el hueco de su mano
ahí en la herida del clavo de la crucifixión
para que dialogue con Tomás el incrédulo
Santo Tomás de Aquino
y Tomás Moro.
Amén.
cabalgaba a la brida
como caballero de la tabla redonda
y a la jineta
como sultán andalusí
como infiel
como sarraceno.
Usted era el diablo
y nunca tuve miedo al sentirme con usted desnuda
y por usted besada
pero fuimos fósforos
consumados.
Ahora,
que Dios lo guarde en el hueco de su mano
ahí en la herida del clavo de la crucifixión
para que dialogue con Tomás el incrédulo
Santo Tomás de Aquino
y Tomás Moro.
Amén.
martes 24 de marzo de 2009
Ladrillos
Este muchacho y yo somos unos mal amados.
Andamos por ahí sin decir cosas bonitas
como sos mi vida, vida mía,
sos mi flor, mi amor
y esos etcéteras.
Este muchacho es un ladrillo.
Desamoroso.
Caminará con los bolsillos rotos de cuando en cuando,
algún día usará saco
y
nunca tendrá un trabajo estable
será siempre un promiscuo irremediable
nariz de tabique quebrado
despeinado
y músico.
No esperaré menos
cuando su novia no quiera amarlo.
Las novias creen,
siempre creen,
que el novio que no besa la mano
es un mal nacido
desalmado.
Sus novias creerán
que debajo de su cama
tiene guardadas unas 17 mil mujeres
y cada noche
compone un bolero para alguna de ellas.
Pero para ellas, nada.
Chepe:
Somos dos ladrillos.
Nadie querrá construir castillo sobre nosotros.
Rezá un poco
y componé una misa.
Yo la cantaré en náhuat,
misa cantada, Domine.
Y rezaré también:
sacá esas 17 mil mujeres debajo de tu cama.
Y construí con ellas tu palacio.
Andamos por ahí sin decir cosas bonitas
como sos mi vida, vida mía,
sos mi flor, mi amor
y esos etcéteras.
Este muchacho es un ladrillo.
Desamoroso.
Caminará con los bolsillos rotos de cuando en cuando,
algún día usará saco
y
nunca tendrá un trabajo estable
será siempre un promiscuo irremediable
nariz de tabique quebrado
despeinado
y músico.
No esperaré menos
cuando su novia no quiera amarlo.
Las novias creen,
siempre creen,
que el novio que no besa la mano
es un mal nacido
desalmado.
Sus novias creerán
que debajo de su cama
tiene guardadas unas 17 mil mujeres
y cada noche
compone un bolero para alguna de ellas.
Pero para ellas, nada.
Chepe:
Somos dos ladrillos.
Nadie querrá construir castillo sobre nosotros.
Rezá un poco
y componé una misa.
Yo la cantaré en náhuat,
misa cantada, Domine.
Y rezaré también:
sacá esas 17 mil mujeres debajo de tu cama.
Y construí con ellas tu palacio.
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cambio de chepes,
post de edición especial y limitada
lunes 23 de marzo de 2009
Se va a acabar el mundo...
Porque estoy leyendo a Marx!!!
Y yo me había prometido que nunca leería a ese maitro que de seguro era complicadísimo y apto para iniciados como la Lau o el don Chichimeca, Eric Hobsbawn, o mi siempre amor Chepe.
O en su defecto: wannabes economistas o revolucionarios.
Pero no, esta semana he sacado un librito de la biblioteca y lo estoy leyendo -es que no puedo dar por sentado que los más de 100 estudiantes de Historia Contemporánea tengan sumamente comprendido qué dijo este señor que dice Chichimeca que dice Umberto Eco estaba en su momento más fecundo y coital cuando escribió... (¿el capital o los grundrisse?).
El destino es bien cabrón.
Por su ficha, he descubierto que ese libro fue sacado frecuentemente de la biblioteca en los años 70, sobre todo entre 1970 y 1973 y entre quienes lo leyeron están Miguel Huezo Mixco y Héctor Samour!!!
Es que de verdad uno no sabe adónde irá a parar.
Héctor Samour es ahora mi jefe en el departamento de Filosofía y fue la primera persona que confió en mí para darme una materia de Historia. Y MHM es mi papá onírico!!
Ay, no.
Las correspondencias...
Y yo me había prometido que nunca leería a ese maitro que de seguro era complicadísimo y apto para iniciados como la Lau o el don Chichimeca, Eric Hobsbawn, o mi siempre amor Chepe.
O en su defecto: wannabes economistas o revolucionarios.
Pero no, esta semana he sacado un librito de la biblioteca y lo estoy leyendo -es que no puedo dar por sentado que los más de 100 estudiantes de Historia Contemporánea tengan sumamente comprendido qué dijo este señor que dice Chichimeca que dice Umberto Eco estaba en su momento más fecundo y coital cuando escribió... (¿el capital o los grundrisse?).
El destino es bien cabrón.
Por su ficha, he descubierto que ese libro fue sacado frecuentemente de la biblioteca en los años 70, sobre todo entre 1970 y 1973 y entre quienes lo leyeron están Miguel Huezo Mixco y Héctor Samour!!!
Es que de verdad uno no sabe adónde irá a parar.
Héctor Samour es ahora mi jefe en el departamento de Filosofía y fue la primera persona que confió en mí para darme una materia de Historia. Y MHM es mi papá onírico!!
Ay, no.
Las correspondencias...
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para dummies
domingo 22 de marzo de 2009
Efectos secundarios flotativos y casi eróticos de la plastilina
Le quité un pedazo de plastilina verde neón a mi hermana y me lo comí.
Es salado, como espalda de hombre cansado -de amar-, o de gringo percudido en el tercer mundo.
Y de inmediato me puse a cantar y a bailar:
Es salado, como espalda de hombre cansado -de amar-, o de gringo percudido en el tercer mundo.
Y de inmediato me puse a cantar y a bailar:
¿Quién eres tú, que viene de lejos?
Cansado de amar, cansado de tanta espera
de un poco de paz en guerras de amor
Quien te ve no ve tu historia
Quién eres tú yo sé...
Sé que te amaré como amé un día
Nunca te dejé de pensar
Yo sé quién eres tú
Nunca me olvidé, nunca me cansé de esperar
por tu aaamooooor
Hasta aquel día
y ese día esssss hooooy
Advertecia:
No deje la plastilina al alcance de la boca de mujeres flotativas.
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guerras de amor,
solo babosadas hace usté
Los zapatos de Pedro de Alvarado
El destino envía destellos insospechados.Hace unos días hablaba en el Facebook con un hombre muy guapo cuya edad real -según un test- es de siete años. A uno no lo sorprende mucho eso porque la edad mental del hombre -que me corrijan los sicólogos- es siempre 10 años menos, se supone. Pero el susodicho me dijo que no le gustaría regresar a primer grado porque no le gustaba colorear y aún no habían descubierto que es daltónico.
En primer grado, yo oí por primera vez el amago de Historia de la Conquista.
En el colegio de señoritas españolas en el que estudié, la lección de sociales se tomaba en unos folletos que traían dibujos de indígenas -con plumas y taparrabos- y los conquistadores en traje de encomenderos bien establecidos. Ahí, mientras coloreaba a Pedro de Alvarado, vi sus zapatos.
Y los amé.
Eran más bien parecidos a los de un duende irlandés, pero con piedras preciosas, recuerdo que las pinté azules.
La señorita Any Suncín -que se vanagloriaba de ser de la estipe de la Consuelo Suncín y me odiaba porque yo platicaba demasiado y a pesar de eso siempre me daba el primer lugar- solía ignorar mis preguntas en clase. Me odiaba esa vieja.
Una vez estaba muy poética contando cómo los indios se sometieron a Alvarado y yo le pregunté por los zapatos del conquistador. La vieja me ignoró. Recuerdo que me sentí bien triste y al regresar a la casa leí y leí los folletos buscando más información sobre Alvarado y no encontraba y me daba angustia.
El destino es un cabrón.
Y manda señales insospechadas.
El interés por los zapatos de Pedro de Alvarado podría tarducirse, desde la Academia, por un interés por la Historia de la Mentalidades que ahora llaman Cultural, y de la que soy más bien devota.
Pero es más aún cabrón el destino:
Siempre dije que no me gustaba la Colonia -que yo era más bien decimonónica e interesaba profundamente en las teorías de formación de las naciones y su reflejo en la transformación de las ciudades- y estoy haciendo mi tesis de un manuscrito colonial.
Siempre dije que me daban hueva las culturas prehispánicas, y ahora debo leer sus códices y sus cosmovisiones para hallar algunos mensajes cifrados en mi manuscrito en náhuat.
El destino envía mensajes insospechadamente cabrones, y hace unos 18 años me sembró la espinita de la Historia hasta el delirio.
Uno nunca sabe adónde va ir a parar.
O sí?
....
Estos no son los zapatos de Pedro de Alvarado de los que me enamoré, pero parece que son los oficiales, porque el retrato tiene su escudo de armas y es el que está en el Archivo General de Indias.
viernes 20 de marzo de 2009
Hay que barrer la casa

Y el fino polvo de los libros que nadie quiere heredar.
Hay que pasar la escoba debajo de la mesa, porque desde hace un tiempo a la abuela la boca se le ha convertido en pico, y pica, como sus pájaros, los pedazos de pan del desayuno.
La abuela tira las migas del pan debajo de la mesa y cuando las palomas no entran a robarlas, las migas se hacen una alfombra fina y crujiente que hay que remover.
En el jardín, las ardillas se han comido los aguacates y las flores crecen salvajes afuera de los arriates. Desde que a la abuela se ha olvidado las flores, se caen marchitas en el patio. Hay que barrerlas. Y tirar las hojas donde las niñas dibujan sus manos, esos papeles que solo las niñas quieren heredar. Las niñas comen las galletas en la tarde, y tiran, como la abuela, la migas debajo de la mesa. No permiten que las hormigas se lleven esos pedazos de galleta, porque quieren atrapar a todas las hormigas. Y comerlas.
El polvo debajo de la mesa es blanco y dulce.
Hay que barrer muy bien, cabe el riesgo de olvidar debajo de la mesa a un niña enferma o a un pájaro escapado de las jaulas.
Y después de barrer la casa, hay que hundir la lengua en el polvo. Y desaparecer.
Hay que pasar la escoba debajo de la mesa, porque desde hace un tiempo a la abuela la boca se le ha convertido en pico, y pica, como sus pájaros, los pedazos de pan del desayuno.
La abuela tira las migas del pan debajo de la mesa y cuando las palomas no entran a robarlas, las migas se hacen una alfombra fina y crujiente que hay que remover.
En el jardín, las ardillas se han comido los aguacates y las flores crecen salvajes afuera de los arriates. Desde que a la abuela se ha olvidado las flores, se caen marchitas en el patio. Hay que barrerlas. Y tirar las hojas donde las niñas dibujan sus manos, esos papeles que solo las niñas quieren heredar. Las niñas comen las galletas en la tarde, y tiran, como la abuela, la migas debajo de la mesa. No permiten que las hormigas se lleven esos pedazos de galleta, porque quieren atrapar a todas las hormigas. Y comerlas.
El polvo debajo de la mesa es blanco y dulce.
Hay que barrer muy bien, cabe el riesgo de olvidar debajo de la mesa a un niña enferma o a un pájaro escapado de las jaulas.
Y después de barrer la casa, hay que hundir la lengua en el polvo. Y desaparecer.
miércoles 18 de marzo de 2009
En guerra
Uno termina como un lisiado de una guerra intestina de un continente antiguo y aislado. Un continente que vive dentro de uno y va destruyendo, y uno se va desvaneciendo, empalideciendo, y durmiendo con miedo de no poder despertar.
Uno termina con los ojos gastados, sin lágrimas, y los labios resecos y el cabello triste.
Se hace un moño en el pelo y se sienta en el patio a esperar que esa guerra acabe. Y uno siente el cuerpo como si bombas atómicas explotan en ese continente adentro de uno, en el páncreas. Y se desvanece.
Uno termina con los ojos gastados, sin lágrimas, y los labios resecos y el cabello triste.
Se hace un moño en el pelo y se sienta en el patio a esperar que esa guerra acabe. Y uno siente el cuerpo como si bombas atómicas explotan en ese continente adentro de uno, en el páncreas. Y se desvanece.
martes 17 de marzo de 2009
Después alguien pensará que las trabazones son síntoma del desarrollo...
Al igual que los centros comerciales.
Oh, cuánto carro en San Salvador.
Qué país más desarrollado!
Oh, cuánto carro en San Salvador.
Qué país más desarrollado!
sábado 14 de marzo de 2009
EL PATRIOTISMO
(...) Bandirrojos y bandinegros son irreconciliables, enemigos acérrimos, aunque, bien mirado, es muy difícil explicar las diferencias que existen entre ellos, si se descuenta el color de las banderas, la presencia de un león en una y de un águila en otra (...). A pesar de lo cual, nadie elige libremente ser bandinegro o bandirrojo: es una tradición hereditaria, que se recibe en el momento del bautismo. Los bandinegros, así como los bandirrojos, lo serán para toda la vida. Por supuesto, siempre hay traidores: una hija malavenida con sus padres, que, en un gesto de rebeldía, decide abandonar la causa bandirroja, y se pasa a la bandinegra; dos esposos que se divorcian (los matrimonios son endogámicos), y el marido, despechado, abraza la bandera de los enemigos de su esposa. Pero son casos aislados. Por lo demás, tanto los bandirrojos como los bandinegros suelen mirar con desagrado a los conversos: no procuran convencer, sino derrotar.
A menudo se cometen actos heroicos. Durante el gobierno de los bandirrojos, por ejemplo, un bandinegro toma por asalto la torre principal de la ciudad, arranca la bandera roja con sus manos, e iza la negra. Casi siempre es abatido por los disparos certeros del ejército, pero consigue durante unos instantes, hacer ondear la enseña en el pabellón de la torre.
Uno de los actos públicos más apreciados por ambos bandos consiste en la quema de banderas. En efecto, se reúnen varios partidarios de la bandera prohibida, y, en el centro de la plaza, rocían con gasolina la odiada bandera oficial y le prenden fuego, mientras gritan como leones (si se trata de los bandirrojos) o graznan como águilas (si se trata de bandinegros). Numeroso público los rodea, y el acto es aprovechado por los vendedores de golosinas, algodón azucarado, maníes, insignas y globos. Los pordioseros piden limosna y se lanzan algunas bengalas. La quema de la bandera (trátese de una u otra) se ha convertido en una fiesta nacional, aunque el intento de reglamentarla a través de una serie de decretos, presentados por los diputados bandinegros, no prosperó, ya que es una tradición legislativa, en la ciudad, no aprobar jamás un decreto de la oposición...
A menudo se cometen actos heroicos. Durante el gobierno de los bandirrojos, por ejemplo, un bandinegro toma por asalto la torre principal de la ciudad, arranca la bandera roja con sus manos, e iza la negra. Casi siempre es abatido por los disparos certeros del ejército, pero consigue durante unos instantes, hacer ondear la enseña en el pabellón de la torre.
Uno de los actos públicos más apreciados por ambos bandos consiste en la quema de banderas. En efecto, se reúnen varios partidarios de la bandera prohibida, y, en el centro de la plaza, rocían con gasolina la odiada bandera oficial y le prenden fuego, mientras gritan como leones (si se trata de los bandirrojos) o graznan como águilas (si se trata de bandinegros). Numeroso público los rodea, y el acto es aprovechado por los vendedores de golosinas, algodón azucarado, maníes, insignas y globos. Los pordioseros piden limosna y se lanzan algunas bengalas. La quema de la bandera (trátese de una u otra) se ha convertido en una fiesta nacional, aunque el intento de reglamentarla a través de una serie de decretos, presentados por los diputados bandinegros, no prosperó, ya que es una tradición legislativa, en la ciudad, no aprobar jamás un decreto de la oposición...
Cristina Peri Rossi, El Patriotismo.
Una pasión prohibida, Seix Barral, 1986, pp. 75-77
viernes 13 de marzo de 2009
jueves 12 de marzo de 2009
Soy una poeta nacida en los 60
Y voy a leerles un poema erótico-feminista:
Hombre:
vienes con tu falo hediondo,
floripondio.
Yo te recibo en mi vulva,
flor carnívora,
y me cierro.
Y te muerdo,
te mastico,
me masturbo.
Ora pro nobis, Domine.
Me molestan las muchachitas nacidas en las 80, que vienen y leen sus tonterías. Yo, que he publicado en periódicos desde antes de que ellas nacieran y publicaran, me siento con mis vestidos de fiesta anacrónica y fumo sobre sus versitos, esos que dicen ellas que no son poesía.
Ahora voy a leerles un poema de la guerra:
Fulano luchó por la libertad de sus hermanos/por tener pan en la mesa./ Se fue a la montaña por doce años./ Al terminar la guerra/Fulano decidió irse a los Estados Unidos/indocumentado./ Cuando Fulano volvió/encontró las cosas cambiadas./Menganita chatea en internet con un chico desconocido/ y Fulano.../
Pero qué quieren que lea. Soy una poeta nacida en los 60 y he escrito sobre todo. Voy a hablarles de nuestra herencia primigenia, fornicada por los invasores españoles (yo no cambio mi amor por un espejo):
Oh, Macuilxochitl,
Zempasuchitl.
Madre.
Oh.
Eres tierra.
Yo soy flor.
Madre,
yo también soy
Chalchiuhnenetzin,
y tengo mal aliento.
Por eso.
Desde hace años
mi marido Moquihuixtli no me hace el amor.
......
Aclaración por si piensan lo mismo que Raúl: No, no cito a ninguna autora nacional. Los poemas estos los he improvisado, porque, como sabemos, soy experta en pensar babosadas.
Hombre:
vienes con tu falo hediondo,
floripondio.
Yo te recibo en mi vulva,
flor carnívora,
y me cierro.
Y te muerdo,
te mastico,
me masturbo.
Ora pro nobis, Domine.
Me molestan las muchachitas nacidas en las 80, que vienen y leen sus tonterías. Yo, que he publicado en periódicos desde antes de que ellas nacieran y publicaran, me siento con mis vestidos de fiesta anacrónica y fumo sobre sus versitos, esos que dicen ellas que no son poesía.
Ahora voy a leerles un poema de la guerra:
Fulano luchó por la libertad de sus hermanos/por tener pan en la mesa./ Se fue a la montaña por doce años./ Al terminar la guerra/Fulano decidió irse a los Estados Unidos/indocumentado./ Cuando Fulano volvió/encontró las cosas cambiadas./Menganita chatea en internet con un chico desconocido/ y Fulano.../
Pero qué quieren que lea. Soy una poeta nacida en los 60 y he escrito sobre todo. Voy a hablarles de nuestra herencia primigenia, fornicada por los invasores españoles (yo no cambio mi amor por un espejo):
Oh, Macuilxochitl,
Zempasuchitl.
Madre.
Oh.
Eres tierra.
Yo soy flor.
Madre,
yo también soy
Chalchiuhnenetzin,
y tengo mal aliento.
Por eso.
Desde hace años
mi marido Moquihuixtli no me hace el amor.
......
Aclaración por si piensan lo mismo que Raúl: No, no cito a ninguna autora nacional. Los poemas estos los he improvisado, porque, como sabemos, soy experta en pensar babosadas.
lunes 9 de marzo de 2009
domingo 8 de marzo de 2009
Murió la niña Martina
Obviamente, como todos.
Pero ella nunca usó zapatos, no tenía bastón, vivía en un barranco y todos los días cruzaba charcos de agua y mierda, la artritis le estaba torciendo los dedos de la mano y su piel era tan blanda y ella tan vieja sin memoria de su edad y tan inocente y toda risa que había vuelto a ser una niña.
Una niña sin nada.
Usaba el traje de pancha y en la casa de la cultura de Panchimalco y los artesanos del pueblo venden su foto como recuerdo para turista.
Se acercaba a la iglesia del siglo XVIII, adonde la conocí hace dos años, y pedía dinero. La primera vez que la vi nos comimos una mandarina y platicamos.
La página de Casa de la América ha recogido un reportaje que escribí sobre ella. Pueden leerlo aquí y luego otro reportaje aquí. Y un antecedente del tema acá.
Hoy que regresé con Carlos y Silvia a Panchimalco, pregunté por ella en la iglesia: "Ella se murió el año pasado", dijeron el sacristán y una vendedora informal. Yo sabía que había una alta -y hasta obvia- probabilidad de enterarme de su muerte, pero quería pensar que volvería a verla a la salida de la iglesia con sus piecitos deformes y sus manos sin fuerza.
La gente que le había dado donde vivir -porque la niña Martina no se casó nunca y junto a sus hermanas había criado a una sobrina y esa sobrina, al casarse, echó a la calle a las viejas y ella y su hermana se quedaron mendigando- estaba preocupada pensando en cuando ella muriera porque no tenía papeles. Nunca tuvo DUI porque no tuvo nunca cédula porque no tuvo nunca partida de nacimiento. "¿Y cómo hicieron para enterrarla si ella no tenía papeles?" "El padre la ayudó, le sacaron la fe de bautizo", me dijo el sacristán, un tipo cortante y mal educado.
La niña Martina murió en septiembre.
Al regreso, en la carretera pensaba que la niña Martina nunca salió de ese sitio que tuvo título de ciudad hasta el 2000 y que no tiene ni siquiera clínica y me sentí tan miserable.
Es una mierda la vida.
Obviamente, ella tenía que morir, como todos, pero no en las condiciones en que lo hizo.
....
La foto es de Tulio Galdámez.
La niña Martina murió en septiembre.
Al regreso, en la carretera pensaba que la niña Martina nunca salió de ese sitio que tuvo título de ciudad hasta el 2000 y que no tiene ni siquiera clínica y me sentí tan miserable.
Es una mierda la vida.
Obviamente, ella tenía que morir, como todos, pero no en las condiciones en que lo hizo.
....
La foto es de Tulio Galdámez.
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impotencia generalizada,
minuto de silencio
sábado 7 de marzo de 2009
El 3.9% de los salvadoreños quiere ser amado
Resultados del Diálogo Nacional por la Cultura,
CONCULTURA, 2007.
Esto frente a un 22.9% que quiere tener dinero, un 33.8% que quiere tener educación superior y un 15.1% que quiere tener una familia. Claro, de los salvadoreños encuestados.
viernes 6 de marzo de 2009
Esos dos cabrones juegan con mis sentimientos
Funes y Ávila están hablando del bono de la tercera edad -sobre todo de los no pensionados-.
A Funes se lo oí esta semana en los anuncios -cada vez más ridículos, no pierdan de vista el de la Biblia y su lapicero personal- y Ávila me lo dijo el año pasado en septiembre, cuando yo todavía era periodista y lo entrevisté en una gira.
Los dos juegan con mis sentimientos de Madre Teresa de Calcuta, porque cada día, a una hora determinada -sobre todo en la tarde- me deprimo y me da angustia por los ancianos indigentes. Y cada día veo más. Porque yo soy la llorona pobre a la que no le alcanzan los billetes de un dólar para darle a las viejitas -antes les daba de cinco, pero ahora con mis trabajos inestables pues ya no me da- y me pongo a soñar tonteras de poner una casa para que duerman, de llevarlas al médico, de que usen zapatos...
Pero la realidad me golpea feo. Y me doy cuenta que soy una tonta.
Uno de mis primeros recuerdos de infancia es el de la Chele Chenta, una vieja que era vecina del antiguo barrio de mi abuela. Y no tenía zapatos. Yo lloraba porque la vieja no tenía zapatos -recuerdo que tenía trenzas y un delantal azul esa vez, y se quedó detenida para siempre en el saguán de mi tía Julia- y mi mamá solo decía: "Esta Elenita, tan llorona".
Después le compré zapatos a doña Nico, una viejita que pueden ver en los afiches de Antiguo Cuscatlán, redonda y arrugada como una mandarina, y que vivía en una pieza y vendía cualquier cosa para pagar. No quiso usar los zapatos, porque nunca había tenido.
Una vez volví a Antiguo y pregunté por ella y ya había muerto.
Y como soy tonta me quedo comprandole caimitos, o gallinas de plumas y diario, carbón, dulces, a las viejas que veo en la calle. Y me siento tan pura mierda por no poder hacer más. Pero esos que son pura demagogia me hacen mucho mal.
Cabrones!
.......
Y que ya acabe la campaña, por favor. Hasta la Milá está traumada: "No se me borra de la mente Es un vendepatria", me dijo esta tarde mientras hacíamos flores.
A Funes se lo oí esta semana en los anuncios -cada vez más ridículos, no pierdan de vista el de la Biblia y su lapicero personal- y Ávila me lo dijo el año pasado en septiembre, cuando yo todavía era periodista y lo entrevisté en una gira.
Los dos juegan con mis sentimientos de Madre Teresa de Calcuta, porque cada día, a una hora determinada -sobre todo en la tarde- me deprimo y me da angustia por los ancianos indigentes. Y cada día veo más. Porque yo soy la llorona pobre a la que no le alcanzan los billetes de un dólar para darle a las viejitas -antes les daba de cinco, pero ahora con mis trabajos inestables pues ya no me da- y me pongo a soñar tonteras de poner una casa para que duerman, de llevarlas al médico, de que usen zapatos...
Pero la realidad me golpea feo. Y me doy cuenta que soy una tonta.
Uno de mis primeros recuerdos de infancia es el de la Chele Chenta, una vieja que era vecina del antiguo barrio de mi abuela. Y no tenía zapatos. Yo lloraba porque la vieja no tenía zapatos -recuerdo que tenía trenzas y un delantal azul esa vez, y se quedó detenida para siempre en el saguán de mi tía Julia- y mi mamá solo decía: "Esta Elenita, tan llorona".
Después le compré zapatos a doña Nico, una viejita que pueden ver en los afiches de Antiguo Cuscatlán, redonda y arrugada como una mandarina, y que vivía en una pieza y vendía cualquier cosa para pagar. No quiso usar los zapatos, porque nunca había tenido.
Una vez volví a Antiguo y pregunté por ella y ya había muerto.
Y como soy tonta me quedo comprandole caimitos, o gallinas de plumas y diario, carbón, dulces, a las viejas que veo en la calle. Y me siento tan pura mierda por no poder hacer más. Pero esos que son pura demagogia me hacen mucho mal.
Cabrones!
.......
Y que ya acabe la campaña, por favor. Hasta la Milá está traumada: "No se me borra de la mente Es un vendepatria", me dijo esta tarde mientras hacíamos flores.
jueves 5 de marzo de 2009
Los enfermos
Antes, cuando alguien enfermaba, lo mandaban a tomar baños de sol a algún balneario lejos de la ciudad. O lo subían a un transatlántico para hacer un viaje -de un mes a lo sumo, a ver si no moría en el camino- para buscar la cura en Europa.
Si era pobre, debía resiganrse a morir en los próximos días, y su familia se tronaba los dedos pensando en qué vender para poder pagar el funeral y las misas por el alma del enfermo -la Iglesia nos había obligado a creer que sin indulgencias y misas cantadas no había salvación del alma. Pobres pobres-.
Un enfermo no podía enamorarse, porque, de no ser correspondido, moriría de amor -o de anemia o depresión, de alguna infección acunada durante la depresión. Las depresiones nos dejan baja la retaguardia y la vanguardia-.
Pero ahora, a la abuela de uno no le creen cuando llora: "La niña está enferma." Y no le creen porque "Su nieta anda de arriba para abajo, de día y de noche. No para en la casa."
Ahora, uno que es enfermo trabaja para pagarse los médicos y los tratamientos de las enfermedades modernas -que son más bien contemporáneas-.
O, si uno tiene mala suerte, hace colas interminables en el seguro o afuera de los hospitales públicos para conseguir una medicina, a veces vencida, o ve morir las tardes adentro de la caja de lámina troquelada belga del Hospital Rosales.
Ahora, uno que es enfermo hace lo mismo que los sanos: trabaja, sufre, no le alcanza el salario, y hasta, peligrosamente, se enamora.
Ahora, uno que es enfermo y que es el único que sabe manejar en la casa debe conducir hacia el hospital a media noche, o a cualquier hora, mientras tiene la glucosa en 55, para que cuando lo reciban en emergencias, le médico le diga: ¿Quién lo trajo? Y uno conteste: "Yo". Y el médico y la enfermera de turno se asombren y digan: "¡¿Huy, y estando mal vino usted manejando?!".
Qué fuertes somos los enfermos de ahora.
Si era pobre, debía resiganrse a morir en los próximos días, y su familia se tronaba los dedos pensando en qué vender para poder pagar el funeral y las misas por el alma del enfermo -la Iglesia nos había obligado a creer que sin indulgencias y misas cantadas no había salvación del alma. Pobres pobres-.
Un enfermo no podía enamorarse, porque, de no ser correspondido, moriría de amor -o de anemia o depresión, de alguna infección acunada durante la depresión. Las depresiones nos dejan baja la retaguardia y la vanguardia-.
Pero ahora, a la abuela de uno no le creen cuando llora: "La niña está enferma." Y no le creen porque "Su nieta anda de arriba para abajo, de día y de noche. No para en la casa."
Ahora, uno que es enfermo trabaja para pagarse los médicos y los tratamientos de las enfermedades modernas -que son más bien contemporáneas-.
O, si uno tiene mala suerte, hace colas interminables en el seguro o afuera de los hospitales públicos para conseguir una medicina, a veces vencida, o ve morir las tardes adentro de la caja de lámina troquelada belga del Hospital Rosales.
Ahora, uno que es enfermo hace lo mismo que los sanos: trabaja, sufre, no le alcanza el salario, y hasta, peligrosamente, se enamora.
Ahora, uno que es enfermo y que es el único que sabe manejar en la casa debe conducir hacia el hospital a media noche, o a cualquier hora, mientras tiene la glucosa en 55, para que cuando lo reciban en emergencias, le médico le diga: ¿Quién lo trajo? Y uno conteste: "Yo". Y el médico y la enfermera de turno se asombren y digan: "¡¿Huy, y estando mal vino usted manejando?!".
Qué fuertes somos los enfermos de ahora.
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miércoles 4 de marzo de 2009
Soñar con bodas
Dice mi abuela que mi bisabuela le dijo un día: "Fijate que soñé que me casaba. A saber qué será."
Mi abuela lo contó días después, desconsolada, en el funeral de mi bisabuela.
Yo seré muy estudiante de Historia: "La Historia es ciencia, es dato comprobable y comprobado", le dijo a mis estudiantes, pero soy una gran supersticiosa.
Le tengo miedo al canto de la aurora y a las mariposas negras, porque, así me criaron mis abuelas, anuncian la muerte.
Y yo le temo mucho a la muerte.
Y como miedosa que soy, sufro cada vez que sueño con bodas.
Y sueño con bodas casi todas las madrugadas. Despierto temblando -puede ser el azúcar- y no puedo dormir pensando que reapareceré como invitada en la fiesta de la boda del sueño-pesadilla.
Desde que me operaron, en 2006, sueño seguido con bodas -aunque, por suerte, nunca me caso yo-. No me he muerto, claro, pero la sugestión es una perra. Y me muerde y me debilita.
Esta mañana desperté y recordé que había soñado la boda de una ex profesora y ahora mi jefa. No pude ir a la boda, no vi su vestido blanco -cuando los veo me da más miedo, y no es miedo fashionista- ni supe cómo fue la ceremonia. Pero ella me dijo: "Qué mal que no llegaste."
Y yo me abato y se me contrae el estómago como bandoneón. Y odio, odio, las bodas.
Mi abuela lo contó días después, desconsolada, en el funeral de mi bisabuela.
Yo seré muy estudiante de Historia: "La Historia es ciencia, es dato comprobable y comprobado", le dijo a mis estudiantes, pero soy una gran supersticiosa.
Le tengo miedo al canto de la aurora y a las mariposas negras, porque, así me criaron mis abuelas, anuncian la muerte.
Y yo le temo mucho a la muerte.
Y como miedosa que soy, sufro cada vez que sueño con bodas.
Y sueño con bodas casi todas las madrugadas. Despierto temblando -puede ser el azúcar- y no puedo dormir pensando que reapareceré como invitada en la fiesta de la boda del sueño-pesadilla.
Desde que me operaron, en 2006, sueño seguido con bodas -aunque, por suerte, nunca me caso yo-. No me he muerto, claro, pero la sugestión es una perra. Y me muerde y me debilita.
Esta mañana desperté y recordé que había soñado la boda de una ex profesora y ahora mi jefa. No pude ir a la boda, no vi su vestido blanco -cuando los veo me da más miedo, y no es miedo fashionista- ni supe cómo fue la ceremonia. Pero ella me dijo: "Qué mal que no llegaste."
Y yo me abato y se me contrae el estómago como bandoneón. Y odio, odio, las bodas.
martes 3 de marzo de 2009
Homenaje a Jeff Koons -en tiempos de crisis-

Cortesía del payaso Push en el día, digo el cumpleaños, de La Milá.
Puede ver el original Balloon Dog de Jeff Koons aquí.
domingo 1 de marzo de 2009
La excitante política
Guayo y la Elena en el carro hoy:
G: Yo no sé si Sánchez Cerén haya matado gente o qué hizo, pero lo he visto en tres entrevistas y el hombre me parece un intelectual, de izquierda.
E: ...
Raúl, Litzardo y la Elena hace tres semanas:
L: Cuál es su postura política?
E: No tengo
L: Hmmm, en serio, ¿pero cuál es su postura política?
E: Yo de eso no sé, no he tenido educación política.
L: Claro, pero cuál es, porque alguna debe tener
E: Yo no sé, yo soy mujer, a mí no me han educado para eso, yo soy muñeca de sala.
R: (carcajada)
________
Todos estamos hablando de política. O al menos, estamos hablando de las elecciones (que no es hablar de política). Pero yo -como varias personas- ya me estoy cansando.
Me pasan cosas chistosas con la mentada política:
- No me gusta meterme a hablar de política porque la gente se calienta, se calienta y después uno puede hasta acabar enojado con el mejor amigo. O en su defecto y ojalá, muerto de la risa, muerto de humor negro, puesí, pa que haga juego con el luto.
- La respuesta a muchos debates está en el pasado. Es histórica, pues. Yo estudio historia -y la enseño de cierto modo- para lograr comprender el mundo. Por tanto, muchos de los temas que se debaten y a veces no se comprenden tienen explicaciones sencillas, pero de tan sencillas suenan tontas, y como la historia no es un instrumento para pensar que haya sido difundido y al que se recurra, pues qué relajo.
Y lo peor:
- Antes me excitaban los hombres que hablaban de política.
Ay, sí, yo con mi intelectualismo wanna be (uy, historiadora ex novia de politólogo, de artista, uy, un affair con un filósofo y blah) me derretía con los hombres que decían: po-lí-ti-ca.
Veía sus bocas moverse y emitir sonidos como "Marxismo", "Capitalismo", "Colapso del sistema", "Según Chomsky...", "Dice Nahomy Klein...", "Paulo Freire sugiere que...", "¿Cuál es la diferencia entre conflicto armando interno y guerra civil?", "El terrorismo de estado...", "El estado de derecho...", "Lo que sucede con el socialismo es que..."
Uffffff!
La economía: Yupi!
La crisis social: Yuju!
Yo veía sus bocas y quería morderlas, tirarme encima de ellos, arrancar sus camisas, besar sus cuellos, etcétera, etcétera, y que Marx o Hobbes o Locke o algún teólogo de la liberación o algún europeo muerto que la academia ha inmortalizado, una momia académica (ajá, yo he sido "de izquierdas", juajuá) me susurrara su discurso al oído...
Hmmmm.
Quizá yo tenía las hormonas colapsadas, como el capitalismo, o tenía algún desorden, aunque desorden no es equivalente a anarquismo (la gente que no sabe). O-qué-sé-yo!!!
Todo terminó cuando un tipo comenzó a hablarme de política y yo le bostecé en la cara. Por suerte, nos reímos. Y no recuerdo si nos besamos...
Y ahora, por suerte, con mis hormonas muy bien puestas, ya no me excitan los hombres que hablen de política.
Qué hueva.
G: Yo no sé si Sánchez Cerén haya matado gente o qué hizo, pero lo he visto en tres entrevistas y el hombre me parece un intelectual, de izquierda.
E: ...
Raúl, Litzardo y la Elena hace tres semanas:
L: Cuál es su postura política?
E: No tengo
L: Hmmm, en serio, ¿pero cuál es su postura política?
E: Yo de eso no sé, no he tenido educación política.
L: Claro, pero cuál es, porque alguna debe tener
E: Yo no sé, yo soy mujer, a mí no me han educado para eso, yo soy muñeca de sala.
R: (carcajada)
________
Todos estamos hablando de política. O al menos, estamos hablando de las elecciones (que no es hablar de política). Pero yo -como varias personas- ya me estoy cansando.
Me pasan cosas chistosas con la mentada política:
- No me gusta meterme a hablar de política porque la gente se calienta, se calienta y después uno puede hasta acabar enojado con el mejor amigo. O en su defecto y ojalá, muerto de la risa, muerto de humor negro, puesí, pa que haga juego con el luto.
- La respuesta a muchos debates está en el pasado. Es histórica, pues. Yo estudio historia -y la enseño de cierto modo- para lograr comprender el mundo. Por tanto, muchos de los temas que se debaten y a veces no se comprenden tienen explicaciones sencillas, pero de tan sencillas suenan tontas, y como la historia no es un instrumento para pensar que haya sido difundido y al que se recurra, pues qué relajo.
Y lo peor:
- Antes me excitaban los hombres que hablaban de política.
Ay, sí, yo con mi intelectualismo wanna be (uy, historiadora ex novia de politólogo, de artista, uy, un affair con un filósofo y blah) me derretía con los hombres que decían: po-lí-ti-ca.
Veía sus bocas moverse y emitir sonidos como "Marxismo", "Capitalismo", "Colapso del sistema", "Según Chomsky...", "Dice Nahomy Klein...", "Paulo Freire sugiere que...", "¿Cuál es la diferencia entre conflicto armando interno y guerra civil?", "El terrorismo de estado...", "El estado de derecho...", "Lo que sucede con el socialismo es que..."
Uffffff!
La economía: Yupi!
La crisis social: Yuju!
Yo veía sus bocas y quería morderlas, tirarme encima de ellos, arrancar sus camisas, besar sus cuellos, etcétera, etcétera, y que Marx o Hobbes o Locke o algún teólogo de la liberación o algún europeo muerto que la academia ha inmortalizado, una momia académica (ajá, yo he sido "de izquierdas", juajuá) me susurrara su discurso al oído...
Hmmmm.
Quizá yo tenía las hormonas colapsadas, como el capitalismo, o tenía algún desorden, aunque desorden no es equivalente a anarquismo (la gente que no sabe). O-qué-sé-yo!!!
Todo terminó cuando un tipo comenzó a hablarme de política y yo le bostecé en la cara. Por suerte, nos reímos. Y no recuerdo si nos besamos...
Y ahora, por suerte, con mis hormonas muy bien puestas, ya no me excitan los hombres que hablen de política.
Qué hueva.
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intimidades,
solo babosadas hace usté,
vida pasada
Y la vida tan... tan
Mi madre duerme con el ventilador encendido
Mi abuela cose sus eternos remiendos
El Mal Ejemplo se cruza el semáforo en bicicleta
La Elena encuentra en el radio canciones que le dan nostalgia a saber de qué
(No debía de querete/y, sin embargo,/ te quiero)
La Milá apaga las velitas de su pastel
Los niños revientan la piñata
El volcán se está quemando...
Y la vida sigue tan...
tan.
Mi abuela cose sus eternos remiendos
El Mal Ejemplo se cruza el semáforo en bicicleta
La Elena encuentra en el radio canciones que le dan nostalgia a saber de qué
(No debía de querete/y, sin embargo,/ te quiero)
La Milá apaga las velitas de su pastel
Los niños revientan la piñata
El volcán se está quemando...
Y la vida sigue tan...
tan.
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