viernes, 3 de mayo de 2013

Oración a San Salvador



Se me rompe la falda, San Salvador,
me caigo,
protegeme de mis vuelos, de mis piernas
arrancame las piernas y entregalas a los santos
cortame los pechos y entregalos a los niños
que jueguen con ellos:
que sean camas, muñecos, trapos
que no les den leche:
Tus hijos no se merecen mi leche,
San Salvador.
Las plantas se sumergen, San Salvador, como si fueras
no santo
no ciudad:
Naufragio.

domingo, 21 de abril de 2013

Las injusticias del piano (II)

En mi colegio de señoritas españolas venidas a menos había un piano de cola. Lo habían pintado de rosado, pues, claro, era un colegio de señoritas. La pintura era de aceite, chillante. 

viernes, 16 de noviembre de 2012



Comer una naranja mientras veo las noticias del mundo. La naranja, redonda y dorada, puede ser un sol. El sol, varias civilizaciones, es una representación de Dios. La naranja, en el Renacimiento, era equiparada con lo sagrado. Entonces: La naranja es Dios. Por tanto: Muerdo a Dios mientras veo cómo acaba el mundo.

jueves, 11 de octubre de 2012

¿Adónde queda el pasaje Guirola?



**

11 calle oriente, San Salvador. 

- Buenas, ¿aquí es el pasaje Guirola?
- Sí -responde un albino con los ojos muy cerrados, casi ciego.

El albino está afuera de un hospedaje,  atrás de él, unas láminas viejas y ahumadas tapian la entrada de una casa, casa neocolonial destruida, sin techo, una bodega de adobe de donde nacen plantas. Al lado, un parqueo. 

- ¿Qué busca?
- Las casas.

Las casas: una chorrera de champas de lámina y adobe derrumbado, una casa de ladrillo de concreto, muchas puertas de hierro, varandas, una garza de cemento en la tercera planta, a su lado una bandera nacional: escudo al centro, azul y blanco, ondeando.

- Ah, no, este es el pasaje Araujo.

Las casas: una chorrera de champas de lámina y adobe derrumbado, una casa de ladrillo de concreto, muchas puertas de hierro, varandas, una garza de cemento, una bandera. No son las casas de 1999. No está ese portón cerrado con cadenas y un candado, no hay detrás del portón varias casas, juntas, alargadas, con ventanas ovaladas y puertas de madera.

- Las bodegas Guirola son esas -señala el albino al otro lado de la calle: un paredón blanco, una bandera azul. Soledad.

El pasaje Guirola estaba en la 11 o en la 9 calle oriente. 
Lo sé.
Lo vi en 1999, en un escape de mi colegio de señoritas españolas venidas a menos.
Yo odiaba el colegio, casa colonial pintada de amarillo y ocre, pintura de aceite. Me escapaba a mediodía, iba a sacar fotocopias, caminaba por las fotocopiadoras, casas de los años 40, de los años 50, de los años 20, destruidas, remendadas: adobes sucios, láminadas oxidadas, a punto de caer, carteles de negocios, tiendas fotocopias, un tile negro en cada puerta que tocaba. Me detenía a fotocopiar cualquier cosa, caminaba.

Una vez, Lynetthee, Elena Kleé y yo caminamos mucho, llegamos a un portón: un portón cerrado con cadenas y candado. Nos detuvimos: atrás de portón: unas casas largas, blancas, sucias, rosadas, el blanco con el tiempo puede ser marfil, puede ser rosado, puede ser cualquier cosa. Los pisos eran de mármol en las escalinatas de la entrada y de loza floreada -celeste, verde, amarillo, rosado, lo que sea- debajo de la puerta. La puerta era blanca, larga, con un cristal ovalado en el centro, picaporte de porcelana. 

Abrimos la boca.
No dijimos nada.
No podíamos decir algo.

Años después, busqué el pasaje.
No había nada.
Este pasaje no se puede mover, desaparecer.




16 de mayo de 1955

El centro de San Salvador vivió momentos de alarma a raíz de un incendio que destruyó parcialmente el Pasaje Guirola y las residencias familiares de los señores Santiago Barrachina, Luis Charlaix, Harry Reckner, Lucila Trujillo de Elías. 





Pero ese pasaje no se quemó. Lo sé.
Lo vi yo, lo vi en 1999.
Lo vio Ronald Morán, me dijo un día que fuimos al centro.
Lo buscamos, manejamos por varias calles, no había nada.



Un pasaje no puede despegarse de la tierra.
Flotar. 



9 calle oriente, San Salvador:

Un bolo descalzo sobre la acera. Un muchacho delgado, corte de pelo pedroinfantesco, bigote, sonrisa al lado del borracho, debajo de un árbol de almendro.

- Buenos días, ¿por aquí queda el pasaje Guirola?
- Sí, allá atrás -indica el bolo.
- ¿Adónde quiere ir? -pregunta el muchacho pedroinfantesco.
- Al pasaje Guirola
- ...
- Dé la vuelta ahí y luego baja allá -indica el bolo.
- Gracias.

Doy la vuelta ahí, cruzo allá, llego al pasaje Guirola.
Al pasaje Araujo.



¿Este es el pasaje Guirola?



Otra vez no hay nada, me voy. Cruzo, subo, doy vuelta a la izquierda y llego de nuevo a la 9 calle oriente. Busco al bolo. Toda mi vida he creído en los bolos.

Me estaciono frente a él:

- Buenas.
- ¿No encontró el pasaje?
- No. Me dijeron que era el pasaje Araujo.
- No, es el Guirola, es que le han cambiado nombre.
- ¿De verdad?
- Sí. 
- ¿Verdad que ahí queda?
- Ahí queda, siempre ha estado ahí.
- Pero no aparece.
- ¿Qué busca?
- Las casas.
- ¿Le dieron número de casa?
- No.
- ¿Las casas? ¿El pasaje?
- Sí.
- Eso se quemó.


Se quemó.


- ¿Y cuándo?
- Ihhhhh, hace años. 
- ¿Cuántos?
- Mire, no sé, yo antes trabajaba. Solo trabajando pasaba.
- ¿Pero ahí estaba el pasaje?
- Sí, ahí es, ahora es parqueo. Ahí donde está el parqueo era el pasaje. Ahí estaban las casas. Toda mi vida he vivido aquí, tengo 49 años de vivir aquí -los pies decalzos sobre la acera, la mano que señala el suelo- y ahí era el Pasaje Guirola, pero eso se quemó. 

Se quemó.

Toda mi vida le he creído a los bolos.




10 de agosto de 1955 

La suma de 24 mil dolares pagó la compañía General Accident and Life Insurance a la señora Rosa de Meléndez Prado por daños causados por un incendio en las casas de su propiedad 2, 4, 6 y 8, del Pasaje Guirola el 14 de mayo de este año.



Yo vi el pasaje Guirola, era 1999. Estaba cerrado, candado y cadenas, un portón. Al lado del portón un rótulo: Pasaje Guirola.
1999.
Fotocopiadoras, imprentas, prostíbulos, 11 calle oriente. San Salvador.



El Pasaje Guirola existe.
Está en San Salvador.
El Pasaje Guirola no existe.
Se quemó.


¿Cómo es posible que un pasaje aparezca y desaparezca, en 1999, en 1955?
¿Cómo es que lo vimos, cómo apareció? ¿Se quemó dos veces?



- Buenas, ¿por aquí queda el pasaje Guirola?
- Ese es.
- Buenas, ¿este es el pasaje Guirola?
- No.
- Buenas, ¿adónde quedaba el pasaje Guirola?
- Allá.


El pasaje Guirola está ahí.
Pero no está.
Traga.
Se traga.
Todo desaparece en él, él mismo. Menos el recuerdo.


**
No encontramos el pasaje Guirola, pero encontramos esta casa, un chalet, abajo venden pupusas y fresco.